¿Cuál vida es la correcta?

•agosto 15, 2010 • 1 comentario

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Mi diccionario de reminiscencia se compone de palabras repetidas. Árbol de naranja, pantalones cortos, rodillas raspadas, la primera gota de sudor en la sien.

Manos abrazando un tubo, cuerpo de cabeza, el aire despeinándome y el sonido ronco del suelo duro. Caigo de un tobogán y siento que muero, por segunda vez.

Pero las más de las veces el ensueño se llena de sonidos de rieles. Mucha gente. Cuerpos apretujados en silencio. Aveces escasea la luz. Yo veo con mis ojos de cristal un puño levantado, un pelotón de fusilamiento. Y no sé si estoy leyendo a Malraux o a Semprum que recuerda a Malraux. No sé si estoy viendo a los Republicanos españoles morir con el puño en alto, desafiando a Franco. O si escucho, entre las bocinas y las puertas que se cierran algún verso de Baudelaire que se despide de la adolescencia.

Ahora camino borracho y los bares están cerrados. Llego de madrugada, la luz es tenue y me sirve para hacer dibujos con los dedos. Sombras y sombras entre las líneas que me hablan. Trato de aventurarme en algún recuerdo efímero. Sin embargo, se rompe pronto la soga por la que iba bajando y caigo rendido.

Me pareció ver esa vez, detrás de la ventana medio abierta, a Madame Arnoux con los reflejos grises de su pelo.

Es un charco de lectura en que me quedé varado, con los pies mojados y las medias sucias de barro. Ahora desearía escaparme para leer. Leer el futuro incierto y olvidar el pasado cargado de libros pesados.

Le corps conquis

•abril 7, 2010 • 1 comentario

L’espace du corps n’est rien d’autre qu’un morceau du paysage. L’Amiral signe son journal en remerciant la Providence, après ce long voyage…Dieu, la Reine et ses bijoux. En bas, sur les sables des corps nus s’offrent à la vue de la ressemblance. Le sujet cartésien, un siècle avant, s’affirme déjà dans sa prise de possession d’une nature qui renvoie au Paradis, mais aussi aux arbres et aux fruits de Castille. Envie de mordre, la bouche pleine d’or.
Car c’est le corps doré que l’on recherche. Le corps doré que l’on respire… saveur des corps nus, disponibles comme cette terre que l’on viole avec une Croix. En la possède en la pénétrant.
Sous la sueur des mois de traversée, les corps poilus, virils n’hésitent pas à revisiter les amazones et
s’extasient devant des seins bronzés, de la couleur des Canariens…
Car la proie est comprise sous le signe de la ressemblance. Les mots et les choses communiquent et la nouveauté n’est qu’accidentelle et mal comprise.
L’espace du corps est un espace herméneutique, espace de signes, des mots écorchés qui marquent profondément la distance entre les êtres. Yucatán, comprennent les envahisseurs…alors que ceux qui demeurent, les fils de la terre…agressent avec une voix qui vise le départ.
La trahison est donc de mise si les regards sont trompeurs et les mots à double sens. La fête en l’honneur des dieux est baptisée en sang, mais ce n’est pas celle du Christ qui baigne tendrement et fait ressuciter les morts. Non. Les morts sont morts et leur descente à l’enfer récemment connu et compris se fait par morceaux. D’abord une oreille, ensuite les mains….pourquoi pas les bras. Les techniques se raffinent et se perfectionnent pour faire surgir la vérité de ces corps…la vérité qui mène à la richesse. C’est ainsi que l’on importe la torture et que l’on exporte le capital. Métaphore des cinq siècles à venir. Tout comme la liberté et la guillotine qui arrivent dans le même bateau, ici l’Évangile se mêle à la poudre. Allée-retour incessant entre ici et là-bas. Fuite en avant qui arrête pourtant les Autres, loin derrière. Et les corps continuent de s’empiler. Affamés, illetrés, le dos courbé sous le poids du silence.

Lucidez e insomnio

•abril 7, 2010 • Dejar un comentario



Algunas voces dicen que estoy hecho de recuerdos y memorias. Algunas luces, que igual iluminan y ciegan, hablan de mi piel como de un tejido de distancias. Eso es lo que soy. Un almacén lleno de cajas repletas de instantes. Es dentro de las cajas que me busco y me encuentro. En plena noche, vacilando entre una y otra. Me resbalo en las caras conocidas, en los nombres borrados, en las risas y los abrazos. Allí es donde existo. Me burlo de la tarde caminando por calles que llevan todas hacia un río. Es siempre la misma ciudad que me embruja y donde veo mi nombre en las aceras.

Llevo los bolsillos vacíos, a la espera de un encuentro que nunca llega.

No me espantan estos pasos. Estiro los brazos y las sábanas devuelven un olor a cuerpo mojado. Hay una cama en la esquina, que se inclina, que se mueve, que termina casi navegando hasta la pared contraria. El piso cruje, los huesos se parten, los labios se saborean y el asfalto urbano se mete por la ventana sin cortinas.

Muchos pisos más abajo ya se mueven los trenes. El aire frío espera afuera. El olor de la nuca se desvanece, las manos dejan de apretar y se relajan, las rodillas se abren. El cuarto está en silencio, tan callado como un recuerdo que termina.

Encuentro al borde del agua

•septiembre 23, 2008 • 6 comentarios

Recuerdo cuando te ví. Llevábamos días de silencio pegados a la piel. Se asomaba sobre nosotros un futuro de aeropuertos y cigarros a medio fumar. Yo solamente quería consumirme en vos una última vez, leer los bordes de la noche, amaneciendo congelado entre tus piernas. Quería renacer en un mes de agosto, caluroso y húmedo.

Pero vos tenías otros planes…

Vos querías visitar cada uno de los puentes, querías alargar los abrazos, respetar los labios cerrados, las flores dormidas. Vos querías que el río nos llevara, nos balanceara durante horas y al final, entre las isletas que se forman en su regazo, nos ahogara con su lento caminar de viejo huraño.

Yo buscaba el nido oscuro de los porches para robarte el sabor de la boca.

Mientras vos me mirabas más allá de las paredes que cerraban nuestros pasos, consciente de esa última noche, de esos últimos aquelarres de cerveza, caricias inesperadas y cantos de los trenes.

No me dejaste abrazarte ni una sola vez.

Sentados al borde del agua, vi como tu figura se hundía en mi recuerdo mientras tu abrigo rojo flotaba vacío hacia el fondo negro.
Nunca más te volví a ver.

Volver

•septiembre 19, 2008 • 2 comentarios

Se pone el sol. Me levanto y me visto. Momento uno imitado. Voy aterrizando en un país de negros grumos de café tostado. Voces cotidianas, sin embargo, maravillan el pan de la mañana. Sigo lejos, pues, esperando, calculando… Sale el sol, me acuesto y sueño agotado.
Momento dos, valle de nubes, cielo despejado.
Vivo el eterno rol, centroamerica, casa maya, historia de luz.
Soy un exiliado voluntario libre de prejuicios, cargo historias que desconozco, con lo labios cansados me ledo leer, de la espalda hacia abajo.
Hacia el Sur y de lado, donde no vivo, donde no rezo, donde la piel se vuelve cobija y beso.
Dejo parir en mí la agonía…
Vengo de allá, país-ciudad-montaña.
Reflejo de mil pasados, caminante inconciente, otros ojos desnudan mis huesos rojos, dorados… soy un inmigrante de los libros abiertos.

Ensayo matutino

•septiembre 17, 2008 • Dejar un comentario


Levanta temprano los párpados y abre grande la boca.
Esperando de nuevo saltar de la cama se detuvo. Un respiro y diez años de dudas.
Ahora que comienza otra vez a murmurar no sabe como se oirán sus palabras.
Palabras abrazo penetradas por los silencios, palabras encapuchadas como monjes.

Antes del café, en vez de llenar espacios de colores, prefiere escuchar en los huecos llenos de peces del lavabo…observar, desde el balcón, como rebotan las piedras que caen y tejen círculos perfectos. El dulce se deshace entre sus dientes, cuando sonriendo va haciendo girar el día.

Un ensayo, quizás dos, antes de que golpeen los abejones, las ventanas frías.
Se ha dedicado a visitar viejos recuerdos, añejos lugares de remota conciencia. De cada uno ha traído un pedazo de nostalgia, resolviendo crucigramas con adjetivos inventados. Todo gira cuando el hombre que habla abre un húmedo horizonte y se sienta a mirar al sur de cualquier parte.

El tocadiscos, un grabado de Piranesi, y la pared devolviéndo el extraño sonido de la calle.

Horas

•agosto 4, 2008 • 1 comentario

Planicie de horas. Destiempo. Redondas superficies blancas. Taquicardia de agujas sin filo. Anarquía de arena y vidrio.

Entrás en mí como un reloj roto. Dígitos que marcan segundos improbables. Veleta del tiempo. Búsqueda del exacto instante. Cero redondo, rojos tus labios me miran. Las doce en punto.

Sin vos me detengo en medio de un segundo. En medio de otro cuadrante te busco de nuevo. Estás presente como un tic tac…y mi mano tiembla encontrándote.

Hago ahogar los gritos. Logro defender los miedos. Encerrarlos. Protegerlos.

Cada uno de mis pasos inconcientes, a vos me llevan. En vos me encuentro.
Te cargo presente, bala resbalando en la sien. Racimo de uñas rasgándome la seda. Dientes prometiendo huellas asesinas. Cabellos escondiendo bocas y cerezas. Pies descalzos de insomnio y amaneceres.

Ahora te nombro. Con los confines inseguros, temblorosos te escribo.
Describirte sería pedirle demasiado a la lengua. Abultar el lenguaje de miserias conocidas. Necesito otro medio para llamarte. Armarme de técnicas y paciencia. Te resbalas y no te detengo. Las palabras pasan y te borras. Desearía poder citarte, poder escribirte con mi silencio.

La calle esta mojada. Cada reflejo, cada bostezo en las almohadas y el dia comieza con vos al frente. Te veo en la ventana. Sol y desayuno. Me llamás sin saberlo. Y yo te escucho sin pensarlo. Voy alimentando el día con tu memoria. De nuevo entre la gente te llamo. Con la boca cerrada te invoco. Te protejo de miradas y acertijos. Me proteges de pronunciamientos y discursos fluviales.